Cuando te recuestes para dormir y descansar ten en cuenta lo siguiente:
Debes evitar dormir recostada en tu espalda (boca arriba), en su lugar usa almohadones que te ayuden a estar con la cabeza y la espalda un poco elevada, o en su defecto acuéstate sobre uno de los lados.
Es mucho más cómodo dormir sobre colchones duros, ya que ayudan a evitar los molestos dolores de espalda.
En los casos que aparezca reflujo gástrico, que se manifiesta con sensaciones de ardor o quemazón de estómago y esófago y que te despiertan cuando duermes, debes evitar acostarte enseguida de las comidas y debes ingerir lácteos antes de acostarte.
Nunca intentes levantarte de frente cuando estés recostada, provoca calambres en los músculos abdominales que asustan por su intensidad, pero que nada tienen que ver con contracciones uterinas. Son sólo calambres de los músculos abdominales. Para levantarte de la cama hazlo después de haber rotando hacia uno de los lados y apoyándote en tus brazos.
Hacia el final del embarazo, cuando tu abdomen sea voluminoso y la cabecita del bebé esté en proceso de ubicación en tu pelvis, estarás mucho más cómoda durmiendo con un almohadón entre las piernas. Evitará la sensación de peso en la vagina y podrás conciliar el sueño más fácilmente.
Tomar un baño de inmersión antes de acostarte relaja tus músculos y de esta forma te resultará mucho más fácil encontrar la postura más cómoda.
Una vez que estés al tanto de tus posturas incorrectas, trata cada hora y en forma consciente de corregirlas. Con el correr de los días notarás que todas tus malas posturas han mejorado o corregido. Con esta simple técnica, verás lo bien que te vas a sentir durante todo el embarazo.