Autismo: ¿Cómo detectarlo antes?

por el Equipo Médico de Babysitio

 Detección temprana del autismo  ¿Cuáles son y cuándo aparecen los primeros rasgos autistas?  ¿Por qué es importante detectarlo tempranamente? Artículos relacionados Déjanos un comentario

Detección temprana del autismo

Suele decirse que los niños con autismo viven “en su mundo”. Pero no se puede englobar a todos ellos en el mismo cuadro. Algunos están más "desconectados" que otros del entorno. El autismo es una patología que puede tener distintos grados según los niveles de esta “desconexión” y consiste en una serie de trastornos en el desarrollo neurológico de las áreas cerebrales encargadas de las habilidades sociales, el lenguaje, la comunicación y la flexibilidad en la conducta.
Según la doctora Nora Grañana, neuróloga infantil y especialista en neuropsicología del Hospital Universitario Austral (HUA), el autismo se diagnostica cada vez más en Argentina, donde la incidencia alcanza a uno de cada 125 chicos, según datos del Hospital Austral.
Es fundamental la detección temprana, a partir de la observación del niño y de la aplicación de escalas y cuestionarios por parte de maestros, médicos y padres.

¿Cuáles son y cuándo aparecen los primeros rasgos autistas?

Los primeros indicios de que un niño puede ser autista aparecen entre los 18 y los 36 meses de edad, cuando se desarrollan las áreas de las habilidades sociales.
 “La mayoría de los niños tiene retrasos en la aparición del lenguaje, pero en el caso de los autistas, lo llamativo es que tampoco tratan de comunicarse por otros medios. No establecen juegos de ida y vuelta con sus pares, tienen conductas repetitivas como aleteos con las manos, balanceos, autoestimulaciones y una gran dificultad para tolerar los cambios”, explica la doctora Grañana, coordinadora de CLASE –Clínica de evaluación de trastornos del Lenguaje, la Atención y el Seguimiento Escolar que funciona en el HUA–.
Otro indicador de la enfermedad puede ser el balbuceo. Un nuevo dispositivo graba los balbuceos de los bebés y analiza su evolución para diferenciar si el niño padece autismo o un desarrollo tardío del habla. Una investigación reciente, publicada en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences', evaluó más de 3 millones de sonidos grabados y distinguió con un 86% de precisión a los niños con autismo. Esto hace que los investigadores coincidan en que el análisis de los balbuceos de los bebés podría incorporarse a las técnicas para diagnosticar el trastorno.
Lamentablemente el diagnóstico del autismo se dificulta por la falta de un examen médico que lo confirme de manera temprana. Como señalamos más arriba, suele detectarse alrededor de los 18 meses de edad evaluando el comportamiento y el desarrollo del bebé. Sin embargo, algunas de los primeras señales pueden aparecen antes. A los 12 meses de edad puede manifestarse la falta de respuesta cuando se llama al bebé por su nombre o bien la irritabilidad frente a cambios mínimos.
Otras de las señales tempranas que aparecen a partir de los 14 meses son que el bebé no señale objetos mostrando interés, que evite el contacto visual y que prefiera estar solo constantemente.

¿Por qué es importante detectarlo tempranamente?

La identificación precoz permite estimular el aprendizaje de otras formas de comunicación y lenguaje, mejorar la interacción social y controlar las conductas repetitivas e inapropiadas. Por esto, “resultan clave los síntomas clínicos, la buena observación del niño y las inquietudes de los padres”, especificó Grañana.
En cuanto al abordaje del paciente, si bien el autismo es una discapacidad crónica, el desafío consiste en lograr la mejor calidad de vida posible para el individuo y su familia. “Tengo pacientes autistas que son profesionales. Lo ideal es conocer y acompañar según sus posibilidades a cada uno y apuntar a desarrollar su mayor potencial”, aclaró la neuróloga.
Además, Grañana señaló que los objetivos de las terapias se adaptan a las etapas vitales del niño: durante el período escolar se busca potenciar el aprendizaje y la interacción social; luego, manejar las dificultades de conducta en la adolescencia; más tarde, lograr las mejores habilidades de independencia, inserción laboral y social en la adultez.

Fuente:  Dra. Nora Grañana, Neuróloga Infantil, Especialista en Neuropsicología y Coordinadora Clínica de CLASE (Clínica de evaluación de trastornos del Lenguaje, Atención y Seguimiento Escolar) del Departamento Materno Infantil del Hospital Universitario Austral (HUA).

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