Gimnasia para embarazadas en la cárcel

por Entremujeres



Las futuras mamás y mujeres con bebés chiquitos de la Unidad Penitenciaria N° 31 de Ezeiza pueden acceder a clases especiales de actividad física y charlas sobre lactancia, alimentación e higiene. Hablamos con Mariela Villar, a cargo del proyecto.

Entre colchonetas, pesitas, bastones, esferas y música, las embarazadas y mamás recientes de la Unidad Penitenciaria N° 31 de Ezeiza pueden conectarse con su bebé de una manera diferente a través de clases de gimnasia y charlas sobre lactancia, alimentación e higiene.

Las actividades son diarias, supervisadas quincenalmente por Mariela Villar, directora de Embarazo Activo, a cargo del proyecto.

“El objetivo de la actividad –que comenzó en septiembre de 2012- es que las futuras mamás y las que ya lo son tengan un trato y recibimiento más amoroso con los bebés y que incorporen hábitos saludables. Hay que considerar que el sistema familiar muchas veces está dañado”, explica la licenciada a Entremujeres.

La idea es ayudarlas a que puedan conectarse más y mejor con sus bebés. Luego de la clase práctica, hay una charla sobre un tema específico, como lactancia, cuidados e higiene bucal o alimentación. Al final, suelen realizar sorteos de pañales u obsequiar algún regalito a cada una de las participantes.

“Fue increíble cuando dicté el taller de masajes para bebés, a todas les gustó mucho y lo pusieron en práctica. Lograr que mamás que tal vez fueron violadas, golpeadas o maltratadas le hagan un masaje a su bebé me pareció muy bueno”, comenta. “Valoran mucho el tiempo que se les dedica, tratarlas bien. Hay muchas mujeres arrepentidas del delito y otras reincidentes pero, en su gran mayoría, son muy responsables con sus hijos y se preocupan por sus cuidados. Es mucho lo que las reclusas también enseñan a los profesionales, es muy enriquecedor”, cuenta Mariela.

El año pasado asistieron alrededor de 25 embarazadas por mes y 20 madres con hijos menores de 4 años; este año hay aproximadamente 18 futuras mamás por mes y 25 mujeres con hijos. “Cuesta mucho que se integren a la actividad, como así también que presten atención mucho tiempo. Además, en 2013 fue más difícil la implementación porque las embarazadas son más chicas: tienen entre 21 y 25 años”, dice Mariela. Los niños pueden vivir con sus mamás hasta cumplir 4 años, luego, son trasladados con sus familiares fuera del penal, o institucionalizados.

“Valoran mucho el tiempo que se les dedica, tratarlas bien. Si bien muchas quedan embarazadas para estar en un penal con más cuidados, otras ingresan en ese estado y buscan pasarlo lo mejor posible y cuidar a su bebé. La contención, los consejos sobre lactancia y cuidados nutricionales los escuchan y los consideran”.

Tras esta experiencia, se está trabajando en replicar el modelo en la Unidad Penitenciaria de Salta, donde también se encuentran embarazadas y mamás recientes privadas de su libertad.

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