¿Temerle a la cesárea? La experiencia de Jimena

¿Temerle a la cesárea? La experiencia de Jimena

¿Temerle a la cesárea?

¿¡Cesárea!? Parece que encabezara una película de terror y en realidad sólo es un rápido momento en el cual el bebé sale por la “ventana” en lugar de la puerta.

Lamentablemente, hay mitos que rodean a esta operación, que obstaculizan la espera tranquila y relajada que deberíamos tener de nuestro bebé y el disfrutar plenamente de ese momento tan único en nuestras vidas. Uno de ellos es el clásico ” parirás con dolor ” que viene de nuestras abuelas, extraído de las escrituras bíblicas. Esa fantasía en la cual el sufrimiento va emparentado al sentido de ser “más” madre.

En la cesárea no pujamos, pero también comprometemos nuestro cuerpo sin perder las sensaciones físicas y emocionales del momento en que está naciendo nuestro hijo. Es importante comprender que el valor de la maternidad (como rol) no dependerá de cómo y por donde aparece el bebé en el mundo exterior, sino del compromiso que cada una ponga en hacer de ese bebé, un ser pensante, libre y feliz.

La idea de la necesidad de que nos practiquen una cesárea muchas veces genera un cierto pánico acompañado de un sentimiento de soledad. Esto no debería ser así. En primer lugar, si confiamos en nuestro médico, nos daremos cuenta de que existe una o más razones claras, por las cuales no es conveniente o adecuado que el bebé utilice la clásica “puerta de salida”. En segundo lugar, no hay razón para la sensación de soledad, ya que, en la mayoría de los casos, los padres pueden presenciar el momento en que el bebé nace y estar junto a la mujer, conteniéndola física y afectivamente. Quizás, piensen que la situación no va a ser tolerable para el padre; si el papá es muy susceptible, sería adecuado respetar ese sentimiento y aceptar que estaremos contenidas por el equipo médico. Pero, en la mayoría de los casos, es tan emocionante el ver nacer a un hijo, que el padre perfectamente utiliza sus recursos para abstraerse de la situación y disfrutar de esa nueva vida que esta viendo aparecer.

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En cuanto a la operación en sí, es muy rápida, con una anestesia local (la peridural) que nos permite estar con todos los sentidos puestos en ese instante y luego una cicatriz , “una sonrisa”, un recuerdo de un momento feliz, que con los actuales métodos de sutura, pasará inadvertida en el transcurso de los meses.

En los días sucesivos a la cesárea, seguramente se sentirán doloridas y verán que el cuerpo no es aún el deseado. Esto no es patrimonio de la cesárea ya que en el postparto se perciben las mismas sensaciones. El criterio de lo “femenino” estará un poco desdibujado y solos sentiremos que somos alimento para nuestro hijo. Es poco probable que escapemos de estas emociones, pero sabiendo que van a aparecer y luego desaparecerán, nos ayudará a que nuestra ansiedad se aplaque y entendamos que con voluntad, en un contexto que apoye y comprenda y con una actitud positiva y objetiva de la situación, transitaremos lo mejor posible por esos días y poco a poco nos reencontraremos con la imagen física y psíquica deseada.

Cuando uno quiere transmitir un sentimiento de calma y seguridad, apela a todos los recursos que la profesión nos da, pero en este caso creo que la confianza para transmitir estas ideas nacen de la propia experiencia, ya que prontamente tendré mi cuarta cesárea y espero vivir intensamente ese momento como lo viví con Franco (5 años), Delfina (3 años) y Mateo (1 año).

Jimena Hrepic
Psicóloga
Ortiz de Ocampo 2535, 8° piso. Buenos Aires.
TE: 4807-8988

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