Australia multa a los padres que no vacunan a sus hijos y beneficia a quienes lo hacen

Las multas van de 28 hasta 30.000 dólares y ya no se considerará ningún tipo de objeción de conciencia. Los grupos antivacunas han hecho oír sus voces pero el gobierno ignoró rotundamente sus peticiones.

Australia multa a los padres que no vacunan a sus hijos y beneficia a quienes lo hagan

Reglas simples y claras: las leyes de vacunación están funcionando y ahora serán más severas. El estado de Australia del Sur ha sancionado una legislación que no permite la inscripción de niños no vacunados en el preescolar y guarderías. Claramente, los padres que ahora se rehusan a vacunar a sus hijos por razones filosóficas o religiosas ya no tendrán excepción.

Una legislación que comenzó en 2017

Tras la iniciativa llamada “No jab, no pay” (sin pinchazo no hay paga), que surgió tras la aprobación de leyes similares en otros estados, y esta nueva legislación, se da a entender que las autoridades de ese país ya perdieron la paciencia con los movimientos antivacunas.

Las multas son de hasta 30.000 dólares australianos (casi 23.000 dólares estadounidenses) para los centros que acepten a niños sin vacunas. Esto se suma a la pérdida de beneficios impositivos de 28 dólares australianos (20 dólares estadounidenses) por quincena, que rige desde el 2017, para los padres que no tengan el calendario de vacunación de sus hijos al día.

La falta de inmunización en algunas comunidades es suficientemente preocupante como para que tengamos que aumentar las exigencias hacia los padres” señaló la ministro de educación y desarrollo de los niños de Australia del Sur.

“Siempre hay personas que tienen objeciones ideológicas contra la vacunación, y ya no me interesa oír argumentos que no se basen en la ciencia”.

Las leyes actuales de este estado australiano permiten a las guarderías rechazar a los no vacunados permanentemente o durante un brote. Ahora, con las nuevas restricciones, ya no serán permitidas ningún tipo de objeción de conciencia y todo niño deberá estar inmunizado sí o sí.

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Una minoría antivacunas ha descrito estas penalidades como duras y autoritarias, pero las estadísticas están a favor del gobierno.

Las medidas tomadas por el gobierno han incentivado a las familias a cumplir con la vacunación. Desde diciembre de 2015 hasta marzo de 2017, coincidiendo con la introducción de la política mencionada, las vacunaciones de niños de 1 año aumentaron en un 1% llevándolo al 93,6%. Sin embargo, 134.327 niños aún no fueron vacunados y a sus padres se les redujeron sus beneficios impositivos.  

El Departamento de Salud escribió en un comunicado: “El gobierno australiano considera que no hay excusas para los padres que sin razones médicas deciden no inmunizar a sus hijos”.

Debemos darle a los padres la seguridad de que sus hijos estarán a salvo cuando vayan a sus prescolares y guarderías” dijo el primer ministro  Malcolm Turnbull.

A pesar de que en muchos países alrededor del mundo solicitan vacunas para los niños con edad suficiente para asistir a las escuelas, la acción de retener beneficios del cuidado de los niños fue la primera de su clase en el mundo.

¿Vacunación y autismo?

La red de escépticos de las vacunas de Australia (A.V.N), ha tenido reuniones en contra de estas dos políticas.

“Es inconcebible que estemos en una situación en la que el gobierno está votando para discriminar a las familias por tomar una decisión libre y legal” escribió el grupo en su sitio web.

La A.V.N comenzó a presentar proyecciones del documental americano llamado “Vaxxed” de 2016, considerado como un documental anti vacunas.

El foco central del documental, el cual fue vetado del festival de films de Tribeca, es la relación entre la vacuna paperas-sarampión-rubéola y el autismo, relación que ha sido desmentida ampliamente.

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El Dr. Michael Gannon, presidente de la Asociación Médica de Australia, reconoce que existen riesgos minúsculos en la vacunación pero explica que los beneficios los empequeñecen aún más.   

“Con el  sarampión, es 10.000 veces más probable el sufrir daño cerebral por los efectos de la enfermedad que por su vacuna”. En su opinión no vacunar a los niños es una forma de abuso.

Al igual que el gobierno, los médicos consideran que un ritmo de vacunación comunal del 95% es el ideal para prevenir posibles brotes de enfermedades.

“No podemos bajar la guardia” dijo el Dr. Gannon, “incluso un decaimiento del 1%,2% ó 3% en el ritmo de vacunación puede perjudicar la inmunidad de la comunidad”.

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