8 frases perjudiciales que nunca debes decirle a tu hijo

El peso que tiene lo que le decimos a nuestros hijos marca la diferencia para que sean independientes, seguros y felices. ¡Así que cuidado!

8 frases perjudiciales que nunca debes decirle a tu hijo

La forma en la que nos comunicamos con nuestros pequeños debería ser la mayor de las veces un diálogo armonioso y fluido, en el que se consideren tanto los sentimientos de los padres como de los hijos. 

Debemos considerar el impacto que tiene en el desarrollo de su personalidad las cosas que decimos a nuestros pequeños, especialmente en este delicado proceso de su conformación como personas.

En este artículo damos por sentado que las “malas palabras” que puedan humillar o insultar a nuestros hijos están fuera de nuestro lenguaje al dirigirnos hacia ellos. 

Aquí nos referiremos a las otras frases que de una u otra manera están como enquistadas en el subconsciente de muchos de nosotros, y parecieran ser “normales” para interactuar con nuestros hijos, cuando en realidad pueden hacer mucho daño.

Te ayudaremos a reconocer cuán dañinas pueden ser estas palabras para el desarrollo pleno de tu pequeño, de manera que hagas todo lo posible por evitarlas. 

1. “Dame eso que lo hago yo”

Cuando somos niños no tenemos las habilidades manuales tan desarrolladas como los adultos, ni tampoco la experiencia en hacer las cosas. 

En esa etapa estamos aprendiendo cómo se hace casi todo, además de que estamos conformándonos como seres autónomos y haciéndonos más hábiles.

Para que los niños sean más hábiles debe ir probando como hacer cosas, intentando realizar actividades y tareas que son nuevas para ellos. Por lo que pueden ser lentos, equivocarse y cometer errores para poder aprender.

Si los padres siempre vamos a hacer las cosas por ellos cuando vemos que empiezan a tardarse o “equivocarse mucho”, es posible que en algún momento ya no las quieran hacer y nos lo pidan a nosotros, porque nosotros las hacemos mejor y ello “las hacen mal”.

Por supuesto, esto evita el desarrollo de la autonomía, e incluso de impide el desarrollo oportuno de habilidades básicas.

2. “No vayas a llorar por eso”

Cuando los niños lloran expresan tristeza, frustración, rabia, etc. Lamentablemente, como sociedad hemos aprendido a ocultar y evitar estos sentimientos porque los consideramos negativos, cosa que no está bien, porque debemos enfrentarlos, entenderlos y superarlos.

Estas emociones, así como la alegría, nuestros niños deben aprender a identificarlas, procesarlas, y saber cómo lidiar con ellas de forma saludable, dejando de lado la rendición, la venganza, la sumisión, etc.

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3. “¿Por qué no eres más como ese niño?”

Debemos respetar la individualidad y la forma de ser y hacer de nuestros niños, porque cada uno es irrepetible y único. 

Por eso pedir a nuestro hijo que tome como modelo a otro niño le hace mucho daño, y a nosotros también, ya que hacemos ver como que uno es mejor que el otro.

Si queremos que cambie su comportamiento debemos tomar como base lo positivo que tiene su forma de actuar, para que el aprendizaje sea perdurable y no traumático. 

Debemos enfocarnos en lo que hace bien, tomando en cuenta las cosas que lo hacen único, para que aprenda a tener confianza en sí mismo y se sienta tomado en cuenta en un marco de respeto y valoración. 

4. “Ya vas a ver cuando llegue tu mamá (o papá)”

De seguro esta frase la escuchamos mucho cuando éramos unos niños, la utilizan más las madres que los padres y es terrible por dos cosas:

Primero porque fomenta el miedo hacia el padre, haciéndolo ver como un inquisidor, que dictamina la sentencia ante una situación que él no presenció. 

Y segundo, hace ver que su mamá no tiene la suficiente autoridad para controlar cada situación, haciéndose a sí misma incapaz de tener la situación bajo control.

5. “Tranquilo, no pasa nada”

Estas palabras se parecen mucho al “no vayas a llorar” que dicen los padres cuando su hijo se intranquiliza por algo que le ha ocurrido. Generalmente se usan para evitar el llanto. 

Quieren hacer ver al niño que lo que pasó no tiene tanta importancia, para que continúe haciendo la actividad que realizaba como si nada hubiera pasado. 

Pero a veces lo que pasó sí fue importante para él. El niño puede haber sentido dolor fuerte, tener miedo, haberse asustado, etc.

Lo recomendable es preguntarle si está bien, y asegurarse de que no se haya hecho daño pidiéndole que nos diga lo que siente, lo que le pasa. De esta manera le demostramos que sí nos importan.

6. “¡Ese niño es un idiota!”

Muchas veces cuando un niño le hace algún daño a nuestro hijo empezamos a decir cosas negativas con respecto a este otro niño. 

En ocasiones lo que decimos son descalificaciones e insultos, creyendo que le hacemos ver a nuestro pequeño la diferencia entre comportarse adecuadamente y comportarse mal.

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En realidad estamos enseñándoles a juzgar e insultar a otra persona, que incluso puede ser un compañero de clase o un vecino. 

Entonces, en vez de decirle esas cosas, lo que debemos hacer es preguntarles cómo se sintieron con lo que hizo ese niño, si le parece bien ese comportamiento, y qué cree él que se pueda hacer al respecto.

A partir de allí se le aconseja y se le orienta acerca de cómo actuar ante otra situación similar a la que vivió.

7. “¿Cómo puede asustarte eso?”

Sabemos que cuando sentimos miedo tenemos reacciones que pueden ser irracionales. El miedo es libre, y lo que a unas personas les parece algo normal a otras les da mucho miedo. 

Por eso no importa cuántas veces le digas a tu niño que no debe temerle a “algo” en específico, él no va a entender razones.

De ninguna manera debemos subvalorar y menos ridiculizar su miedo porque esto no lo ayudará a superarlo. Más bien lo hará sentir débil y que nos decepciona, además de afianzar que sus problemas y sentimientos no nos interesan realmente.

Lo que se recomienda es ir trabajando progresivamente sobre lo que le asusta, para que de un momento a otro el niño haga racional su miedo. De forma tal que pueda ir reflexionado y convenciéndose poco a poco que no tiene por qué temer.

8. “Porque yo lo digo”

Para los niños es muy importante entender la razón de las cosas. Y esta frase entierra cualquier tipo de reflexión o argumentación sobre lo que le estamos pidiendo o prohibiendo.

No debemos echar mano del autoritarismo para remplazar la autoridad, esto muchas veces nos hace ser injustos e irrespetuosos con nuestros niños, con lo que sienten y piensan.

Es posible que en nuestra niñez escucháramos mucho estas palabras pero debemos comprender que lo que verdaderamente educa son los argumentos, la reflexión, la explicación, de manera que el niño pueda comprender el por qué de nuestra acción.

Como te habrás dado cuenta, estas “frases comunes” pueden hacer mucho daño. Lo mejor es que busquemos otras formas de comunicarnos con nuestros hijos. Formas que nos permitan valorarles y respetarles como las personas en formación que son.

¿Y qué nos cuentas tú? ¿Utilizas frases así con tu hijo? ¿Cuáles?

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