Carta abierta de un mamá: “La maternidad no me quitó la identidad, en realidad me dio una”

La maternidad puede ser todo un reto, pero al meternos en la piel de una madre podemos sentir el maravilloso privilegio que esto resulta. ¿Cuáles son las impresiones de una joven madre de dos hijos?

Carta abierta de un mamá: "La maternidad no me quitó la identidad, en realidad me dio una"

Por los comentarios que escucho pienso que para muchas mujeres la maternidad es una carga y que les ha quitado su identidad. Parece ser que su deseo es decirle al mundo a gritos: “¡Soy más que una madre!”, “¡No me llamo ‘mamá’ y quiero que todos lo sepan!”. Si bien entiendo que uno es más que un rol, pareciera que el mote de madre a algunas no les cae bien.

La influencia de la sociedad en la forma de ver la maternidad

Pienso que la sociedad de hoy en día influye de manera negativa en las mujeres que quieren tener o ya tienen hijos. Muchos medios, e incluso movimientos políticos, desacreditan la maternidad y enarbolan solamente la luchar para volver a nuestro lugar de trabajo y en hacer valer nuestros derechos.

Sin embargo, personalmente he sentido que gané mi propia identidad cuando traje al mundo a mi primer hijo. Puedo decir que siento lo opuesto a lo que está políticamente correcto decir hoy en día.

Me sentía totalmente perdida

Antes de tener a mis hijos estaba totalmente perdida a pesar de que tenía lo que la mayoría de las personas consideran como triunfos. Viajé por todo el mundo, estudié diferentes carreras, me enamoré e intenté de todo, pero sentía que nada me completaba.

Solo fui yo, solo me sentí realmente feliz, cuando nació mi primer hijo a pesar de que mi familia, mi esposo y mis amigos me amaban verdaderamente. Antes de mis hijos sentía que no tenía un propósito y eso me resultaba muy angustiante.

El nacimiento de mi primer hijo

Cuando nació mi primer hijo me sentía como un pez fuera del agua. Relacionarme con él me tomó unos cuantos días porque me habían practicado una cesárea y mis hormonas luego del parto estaban descontroladas. Pero alzar a mi pequeño por primera vez fue lo más maravilloso que me ha ocurrido en la vida.

Recuerdo perfectamente ese momento cuando mi bebé recién nacido estaba acostado junto a mí acurrucándose contra mi cuerpo mientras lo amamantaba. Debo ser honesta y admitir que al principio tuvimos ciertos problemas de apego y me sentía muy distante de él. Pero luego, parece que alguien hubiese esparcido sobre nosotros un polvo mágico mientras lo amamantaba: de repente se acercó rápidamente a mi pecho y nos conectamos física y emocionalmente por primera vez.

Lo mágico de la maternidad

Mientras alimentaba a mi hijo lo miraba con dulzura y acariciaba su cabeza peludita y justo allí me di cuenta que estaba realmente enamorada, era un amor que jamás había sentido, un amor que no se compara con nada.

Era una especie de voz interior que resonaba en mí y me repetía: “Voy a amarte, voy a protegerte siempre, voy a estar siempre a tu lado sin importar lo que pase”. Y fue este tipo de amor el que me convirtió en algo mucho más grande que yo.

Cuando pasaron los meses y luego los años, comencé a enamorarme mucho más de mi primer hijo y después de su pequeño hermano. Al igual que todas las mamás, mis pequeños son mi mundo, le dan sentido a mi vida, son mi luz y todo para mí.

Sorprendentemente también me enamoré de la maternidad, algo que no esperaba porque cuando estaba embarazada me preocupaba la idea de que no fuera así.

Una visión distorsionada sobre la maternidad

Los medios y el feminismo actual hacen un trabajo arduo al tratar de alarmar a todas las mujeres en lo tocante a la maternidad. Su meta es hacernos sentir que al tener hijos nuestra vida llega a su fin. Puedo decir que en cierto sentido es real, pero no hay que ser tan dogmáticos.

Es cierto que dejamos de ser totalmente libres y dejamos de hacer muchas cosas por atender a nuestros hijos. En ocasiones hay días que son muy difíciles, e incluso insoportables, pero simplemente me encanta ser madre.

Nunca pensé en mí siendo madre, pero resultó ser fantástico y es que estoy justo en esa etapa en el que siento que tengo una vida con propósito.

Tengo mi identidad

Ser madre me hace sentir completa, aunque para muchos suene muy cursi que lo diga de esta manera. Me siento plena al darme cuenta que puedo satisfacer las necesidades de mis hijos.

Para el día de la madre de este año, mi esposo me obsequió una muy bonita tarjeta donde me describió como “el latido de nuestra familia”, y justo así me siento. Estoy segura de que a todos los mantengo unidos y mi corazón late porque el de ellos también late. Ellos me hacen lo que soy ahora, son mi felicidad, me siento feliz de ser una madre.

Yo he dado a luz a mis hijos, pero siento que en cierta forma ellos me han dado a luz a mi. No me preocupo para nada por lo que piensen los demás. Mi ego no está basado en cómo me percibe el resto del mundo.

Estoy orgullosa de haber traído a dos seres al mundo, a dos personas maravillosas que estoy criando. No quiero que me malinterpreten, me encanta mi carrera y me parece perfecto desarrollarse laboralmente, pero realmente siento que la maternidad es lo que me hace sonreír, es lo número uno en mi vida.

Gracias a la maternidad siento que ahora tengo una identidad. Aunque soy muchas cosas más aparte de “mamá”, me siento más cómoda identificándome con este título que con cualquier otro. Estoy segura de que nací con este propósito.

Tal vez sean pocas las mujeres que sienten esto en la sociedad actual… ¿tú también sientes lo mismo? ¡Ojalá no sea la única!

Mariana Lascano Bal

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